Nota de tapa

TODOS MENTIMOS

Sin dudas la honestidad es un valor. Desde niños hemos escuchado que la sinceridad siempre es valorada y reconocida. Pero lo cierto es que el engaño y la falsedad forman parte también de las características de los seres humanos. Se sostiene que mentir forma parte del desarrollo, así como aprender a caminar o hablar. Como … Continúa leyendo TODOS MENTIMOS

Autor: RSalud 24 septiembre, 2018

Sin dudas la honestidad es un valor. Desde niños hemos escuchado que la sinceridad siempre es valorada y reconocida. Pero lo cierto es que el engaño y la falsedad forman parte también de las características de los seres humanos. Se sostiene que mentir forma parte del desarrollo, así como aprender a caminar o hablar. Como acostumbra a decir el  Dr. House “everybody lies”. Ok. Todos mentimos: pero, ¿porqué?

 

La historia está plagada de mentiras y de mentirosos. Algunos engañan por avaricia, para estafar, por compasión. Otros para escalar posiciones u obtener riquezas, otros por aspiraciones políticas o sociales. Algunos por vergüenza o simple ostentación, por miedo o diversión. En fin, hay para todos los gustos. Y en todos los campos y en todas las sociedades. Y nadie está exento de que le mientan o esté tentado a mentir.

A ello hay que sumar el fenómeno de Internet y las redes sociales. Las “fake news“ (noticias falsas) y el fenómeno de la “posverdad” no han hecho más que exacerbar esta conducta y de un modo realmente peligroso. Es que la mayoría de las personas y en particular los adolescentes se informan a través de la red y comparten  informaciones sin comprobar su veracidad. El presidente de Estados Unidos, Donald Trump asegura que es permanente víctima de noticias falsas e incluso ironizó al otorgar los “Fake News Awards” (premios a las noticias falsas) a los medios que consideró “más deshonestos, corruptos y distorsionadores”. La cadena CNN y el periódico The New York Times, habituales críticos de Trump, fueron los medios que recibieron más “galardones”, con cuatro y dos menciones respectivamente.

Claro que para otros, el presidente norteamericano ha hecho uso también de las noticias falsas. Como la que inundó las redes sociales afirmando que el Papa Francisco apoyaba su candidatura a la presidencia por su compromiso con el cristianismo. Según la agencia Polifact, el 70% de las declaraciones que Trump realizó en su campaña eleccionaria,  fueron falsas.

Con 2.200 millones de usuarios, Facebook (FB) es la mayor red social del mundo. De acuerdo con una encuesta de Reuters a nivel mundial, el 71% de las personas no entiende los criterios con que FB expande sus contenidos. Algunos creen que hay un editor, otros que es el editor de un medio de comunicación específico, pero al 40% no le importa. En Argentina nueve de cada diez personas usa la red para obtener información. Según la agencia inglesa, seis de cada diez usuarios utiliza particularmente FB y alrededor de la mitad se muestran muy “preocupados por la veracidad de las noticias”. Todo esto llevó a la empresa creada por Mark Zuckerberg a realizar convenios con “agencias verificadoras de información” para analizar los artículos que los usuarios denuncian como falsos. En la Argentina están trabajando con la prestigiosa ONG Chequeado, que ya había acusado a FB de publicar noticias falsas cuando informó que el FMI exigía a la ANSES vender acciones de garantías del Fondo de Sustentabilidad.

No obstante, no hay gobierno ni grupos de interés, empresa o institución que prescinda de FB. porque 2.200 millones de usuarios es un arma poderosa, más allá o más acá de la verdad; en la Argentina el alcance de la red social es impresionante: casi 31 millones de personas .

“Facebook me dio la posibilidad de hablar directamente con la gente, de estar cerca de ellos y mostrarme tal cual soy. Fue la llave de acceso a las casas de muchísimas personas en todo el país”, asegura el presidente Mauricio Macri, en el sitio marketinero FB “para empresas”. En lo que va de la gestión de Cambiemos se asignaron casi 100 millones de pesos para difundir acciones del gobierno a través de esta red.

Uno de los problemas de controlar las “fake news” es que no parece tan fácil definirlas.  Emmanuel Macron, el presidente de Francia, intentó establecer normativas para combatir este tipo de noticias y se encontró en problemas para encontrar un tipo legal que no resultara finalmente una limitación a la libertad de expresión.

A todo ello hay que sumar que cada día crece más la desconfianza social frente a las informaciones oficiales. Están los que aseguran que el hombre nunca llegó a la Luna y sólo fue una puesta en escena organizada por el gobierno de Estados Unidos a través de la NASA; los que están convencidos de que Alfredo Yabrán sigue vivo y que los análisis de ADN son falsos; que en realidad el presidente Barack Obama nació en Kenia y no en Estados Unidos; que el uso de los teléfonos móviles podría causar cáncer y… la lista es interminable.

Claro que los pasos en falso de los medios tradicionales han contribuido a que la gente descreyera de ellos. Por caso, cuando el New York Times y otros medios se sumaron a la versión oficial de que había armas de destrucción masiva en manos del dictador iraquí Saddam Hussein, cometieron un pecado imperdonable: no haber chequeado bien sus fuentes. Nada Bakos, que fue agente de la CIA del 2000 al 2010, en un reportaje que le realizó el sitio de noticias The Intercept, confirmó que el servicio de inteligencia de Estados Unidos abusó de la buena fe del pueblo norteamericano con información falsa, informes no confirmados, eligió a dedo a voceros que surgían de fuentes poco seguras y ocultó datos clave. Pero esta versión -que luego se admitiría como falsa- terminó justificando la invasión a Irak del gobierno de George W. Bush y la consecuente muerte de decenas de miles de personas y la destrucción de ciudades enteras.

Pero vayamos más atrás y veremos que antes de la existencia de estas monstruosas redes de comunicación, también se cometieron grandes dislates inducidos por noticias falsas; manipulaciones políticas que expusieron al ridículo a gobiernos y en otros generaron pánico en la sociedad. Sin olvidar aquellas que desataron guerras e invasiones. Cómo la citada invasión a Irak bajo la amenaza de la posesión de armas químicas que realmente nunca tuvo el régimen autoritario de Saddam Husseim.

 

Vienen los marcianos

Hace ochenta años, exactamente el 30 de octubre de 1938, el joven Orson Welles generó una ola de pánico entre millones de norteamericanos. Es que anunció que el planeta Tierra estaba siendo invadido por alienígenas. Si bien se trataba de una teatrealización de “La guerra de los mundos” del inglés H.G.Wellls, muchos oyentes sintonizaron tarde la transmisión y creyeron en realidad que habían llegados al planeta miles de  extraterrestres con muy malas intenciones.

Justo en vísperas de Halloween, Welles lanzaba una bomba: “Señoras y señores, interrumpimos nuestro programa de baile para comunicarles una noticia de último minuto procedente de la agencia Intercontinental Radio. El profesor Farrel del Observatorio de Mount Jennings de Chicago reporta que se ha observado en el planeta Marte algunas explosiones que se dirigen a la Tierra con enorme rapidez… Continuaremos informando”.

Y subía la apuesta: “Damas y caballeros, tengo que anunciarles una grave noticia. Por increíble que parezca, tanto las observaciones científicas como la más palpable realidad nos obligan a creer que los extraños seres que han aterrizado esta noche en una zona rural de Jersey son la vanguardia de un ejército invasor procedente del planeta Marte…”.

Se estima que más de 12 millones de personas seguían atentamente la transmisión.  Luego aparecía otro personaje, un tal Carl Philips, quien desde Nueva Jersey asegura ser testigo de la invasión: “Señoras y señores, esto es lo más terrorífico que nunca he presenciado… ¡Espera un minuto! Alguien está avanzando desde el fondo del hoyo. Alguien…o algo. Puedo ver escudriñando desde ese hoyo negro dos discos luminosos… ¿Son ojos? Puede que sean una cara. Puede que sea…”.

La cuestión es que miles de personas escaparon aterrorizadas de sus casas y colapsaron las rutas, las estaciones de buses y trenes y departamentos de policía. Muchos se escondieron en túneles y sótanos, con armas de fuego para repeler el ataque marciano. Fue una noticia mundial y al día siguiente las autoridades intervinieron la estación radial, pero en realidad no se había infringido ninguna norma. La cadena de radio, perdió muchos oyentes, pero Orson Welles entró en la leyenda y varias décadas después Steven Spielberg recreó el episodio en una famosa película.

 

Mentir: un talento universal

Según la psicóloga social de la Universidad de California, Bella DePaulo (citada en un artículo del prestigioso magazine National Geographic) las mentiras pueden analizarse en forma sistemática en los adultos. Hace veinte años, DePaulo y un grupo de investigadores les pidieron a un grupo de 147 adultos que registraran durante una semana cada vez que intentaban engañar a otra persona. Se comprobó que todos estos sujetos mentían una o dos vías por día en promedio. En general se trataba de mentiras menores y la verdadera intención era ocultar el propio desconocimiento o proteger los sentimientos de otros.

En algunos casos eran básicamente excusas para no admitir algún incumplimiento pero en otros –como afirmar ser hijo de un diplomático- la intención era crear una imagen falsa sobre su persona. En este primer relevamiento DePaulo destacó que en general se trataba de “mentirillas”, pero un trabajo posterior, demostró que la gran mayoría de los sujetos estudiados habían dicho una o más “mentiras graves”, como ocultar adulterios o falsificar datos en aplicaciones para universidades o trabajos.

Es evidente que existe un talento universal que tenemos las personas para engañarnos a nosotras mismas. Según National Geographic los investigadores especulan que la mentira como comportamiento surgió no mucho después que el lenguaje. Se refiere como “una habilidad para manipular a los demás sin utilizar la fuerza física que otorgó ventajas en la competencia por recursos y parejas, similar a la evolución de estrategias engañosas en el reino animal, como el camuflaje del camaleón. El medio cita a Sissela Bok, profesora de ética de la Universidad de Harvard y renombrada especialista en esa disciplina: “comparado con otros modos de obtener poder, mentir es muy fácil; es mucho más fácil mentir para conseguir dinero o riqueza de alguien que pegarle en la cabeza o robar un banco”.

Los psiquiatras no se ponen de acuerdo sobre la relación que existe entre la salud mental y la mentira. Si bien se ha observado que hay patrones específicos de mentiras en personas con determinados desordenes psiquiátricos. Por caso los individuos con diagnóstico de trastornos antisociales suelen abundar en mentiras manipuladoras, mientras que los que padecen de narcisismo, mienten para mejorar y fortalecer  su imagen personal.

La pregunta que surge es si existe algún patrón común entre aquellos que mienten en forman habitual. Hace 13 años, la psicóloga Yaling Yang y sus colegas compararon  escaneos cerebrales de tres grupos: en el primero se analizaron 12 adultos mentirosos consuetudinarios; en el segundo formado por 16 personas con trastornos sociales, pero no con un hábito acentuado por las falsedades; y un tercer grupo que ni tenían problemas sociales y no eran habituales mentirosos. La conclusión que sacaron es que los mentirosos habituales tenían un 20% más de fibras nerviosas por volumen en la corteza prefrontal y, por lo tanto, es posible que esta facilidad los predisponga a mentir porque, digamos, tienen una “mayor capacidad de imaginar y fantasear”.

Nobuhito Abe y Joshua Green, dos psicólogos de las universidades de Kioto y Harvard, respectivamente, escanearon los cerebros de sujetos mediante resonancia magnética funcional y descubrieron que los que actuaban de manera deshonesta mostraban mayor actividad en el núcleo accumbens, estructura en el lóbulo frontal basal con un papel clave en el proceso de recompensa. Expresó Green: “Mientras más se estimula tu sistema de recompensa por la promesa de obtener dinero –incluso en un contexto perfectamente honesto- más propenso eres a hacer trampa”.

Una mentira nunca es suficiente

National Geographic refiere sobre un experimento de Tali Sharot, neurocientífica del University College de Londres. Su trabajo permitió demostrar cómo el cerebro se acostumbra al estrés o a la incomodidad emocional que ocurre cuando se miente y ello allana el camino para  a siguiente falsedad. En los escaneos por IRMF (Imágenes de Resonancia Magnética Funcional) en los participantes del estudio, el equipo de Sharot se centró en la amígdala, región involucrada en el procesamiento de emociones: la respuesta de la amígdala a las mentiras se debilitaba progresivamente con cada una, incluso conforme éstas se hacían más grandes. “Quizá involucrarse en pequeños engaños puede llevar a engaños mayores”, puntualiza Sharot.

 

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