Columna de opinión por la Dra. Florencia Sanabria, Médica Pediatra y Psiquiatra Infantil.
La Agencia de Salud Pública sueca recomienda esperar hasta el año en que el niño cumple 13 años para entregar un smartphone infantil propio. Pero la advertencia va mucho más allá de una edad: incluye el descanso, la exposición a contenidos dañinos, el uso problemático, los hábitos familiares y el comportamiento digital de los adultos.
Durante años, el debate sobre infancia y pantallas se concentró en una pregunta casi matemática: ¿cuántas horas son demasiadas? Suecia está desplazando esa discusión hacia un terreno más amplio. Sus recomendaciones oficiales ya no se limitan a contar minutos; ponen el foco en qué actividades están siendo desplazadas, qué riesgos llegan con un dispositivo conectado permanentemente a Internet y qué modelo reciben los niños de los adultos que los rodean.
El 11 de junio de 2026, la Folkhälsomyndigheten (Agencia de Salud Pública de Suecia) recomendó esperar hasta el año en que el niño cumple 13 años para darle un teléfono inteligente propio. La autoridad sanitaria concluyó que para los menores de esa edad los riesgos superan a los beneficios. Entre los motivos mencionó trastornos del sueño infantil, exposición a contenidos o contactos perjudiciales y patrones de uso que pueden adquirir características de dependencia.
La recomendación sueca no es “dejar incomunicado” al niño: para menores de 13 años que necesitan comunicarse con su familia, la agencia propone como alternativa un teléfono sencillo sin acceso a Internet.
¿Por qué fijar el límite del smartphone infantil en los 13 años?
La agencia sueca explica que alrededor de esa edad los niños han avanzado en maduración, control de impulsos y capacidad para anticipar consecuencias. También suelen contar con más conocimientos sobre riesgos digitales adquiridos en la escuela y en la familia.
Al mismo tiempo, a medida que aumenta la autonomía aparecen usos más claros del dispositivo vinculados con la vida social y con determinadas gestiones. No se plantea que a los 13 años desaparezcan los riesgos, sino que antes de esa edad el balance entre beneficios y peligros resulta menos favorable.
Límites recomendados de pantallas por franja etaria
La decisión se inscribe en una política pública de salud infantil más amplia. Desde 2024, Suecia recomienda las siguientes pautas para el tiempo de ocio recreativo:
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Menores de 2 años: Evitar el uso de pantallas en lo posible.
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De 2 a 5 años: Máximo una hora diaria.
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De 6 a 12 años: Entre una y dos horas diarias.
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De 13 a 18 años: Entre dos y tres horas diarias.
Esas cifras se presentan como reglas orientativas para el tiempo libre y no incluyen el trabajo escolar ni las ayudas digitales vinculadas a una discapacidad.
Además, la recomendación oficial es evitar pantallas antes de dormir y dejar teléfonos, tablets y dispositivos similares fuera del dormitorio durante la noche. La idea central es que el tiempo digital no desplace el descanso, la actividad física, las relaciones interpersonales, las comidas y el estudio.
La cuestión del sueño: un factor crítico en el desarrollo
La advertencia sueca sobre el smartphone infantil presta especial atención al uso durante la tarde y la noche. La investigación asocia el uso de dispositivos —en particular cuando se prolonga nocturnamente— con dormir menos y de peor calidad.
Este punto modifica la forma de entender la problemática: ya no se trata solamente de “qué contenido mira” un niño, sino de si el dispositivo está alterando sus rutinas biológicas y ocupando el tiempo necesario para el desarrollo cerebral y el descanso.
Pantallas y crianza: el foco puesto en los adultos
El 1 de junio de 2026, la misma autoridad sanitaria actualizó sus consejos sobre el uso de pantallas por parte de los adultos. El mensaje es categórico: los hábitos digitales de los padres forman parte de la salud digital de los hijos.
Suecia recomienda construir buenos hábitos personales, dejar el móvil a un lado cuando se está con el niño y pensar cuidadosamente antes de publicar imágenes o videos de los hijos en Internet (práctica conocida como sharenting).
La agencia cita investigaciones donde los niños pequeños reaccionaron con más llanto e irritación cuando un padre interrumpía la interacción para utilizar el móvil. Además, existe una asociación directa: cuando los adultos presentan un uso elevado, sus hijos tienden a repetir ese comportamiento.
Más de la mitad de los padres de niños de 0 a 12 años en Suecia consideran que ellos mismos pasan demasiado tiempo con el teléfono móvil.
Por eso, una de las sugerencias más concretas es implementar zonas libres de pantallas en el hogar (como la mesa o los dormitorios) que sean respetadas por todos los integrantes de la familia sin excepción.
¿Qué se intenta proteger frente a la tecnología?
Lo que la salud pública intenta preservar es todo aquello que la hiperconectividad desplaza: el sueño, el juego, el movimiento, las conversaciones y la capacidad de tolerar momentos sin estimulación constante.
Entregar un smartphone infantil implica dar acceso a redes sociales, videos, juegos y un entorno diseñado algorítmicamente para captar la atención. Las autoridades advierten sobre riesgos como la presión social, el acoso y la posibilidad de que grupos criminales contacten a menores a través de aplicaciones o chats de videojuegos.
Esto no significa que la tecnología sea perjudicial en sí misma; se reconocen sus beneficios en materia de comunicación y autonomía en niños mayores, pero se propone separar las verdaderas necesidades de comunicación de las funciones de un dispositivo inteligente completo.
Una alerta que interpela la dinámica familiar
Lo más valioso de las recomendaciones del Gobierno de Suecia es que devuelven la responsabilidad al entorno adulto. La autorregulación infantil no puede descansar únicamente sobre la voluntad del niño; requiere límites externos, rutinas saludables y un modelo adecuado a seguir.
El riesgo aparece cuando lo digital deja de ser una herramienta y empieza a reemplazar la vida real. Quizás la pregunta central no sea solo a qué edad entregar un teléfono, sino qué mensaje transmitimos cuando un niño nos busca con la mirada y encuentra a un adulto concentrado en una pantalla.