Medio AmbienteNota de tapa

Sanear el Riachuelo: una promesa bicentaria

Desde la instalación de los saladeros a principios del siglo XIX hasta el presente, las administraciones públicas prometen planes de descontaminación, pero quedan en promesas. Analizamos los distintos intentos por salvar la cuenca Matanza/Riachuelo. ¿Qué ocurrió con otros ríos del mundo?

Autor: RSalud 21 marzo, 2017

Sin títuloParece un objetivo inalcanzable, pero desde hace décadas el saneamiento del Riachuelo es una propuesta infaltable en los pro – gramas de Gobierno. Desde la instalación de los saladeros a principios del siglo XIX hasta el presente, las administraciones públicas prometen planes de descontaminación, pero quedan en promesas. En 1860 un decreto obligó al cierre de los saladeros precisamente por razones higiénicas y las quejas de los vecinos hacían hincapié en “el color sanguíneo del río, los olores fétidos, el burbujeo de las aguas y la mortandad de los peces”.

Once años después, en 1871, la Cámara de Diputados bonaerense se comprometió a canalizar y limpiar el Riachuelo. Se ratificó la prohibición de instalar curtiembres y fábricas de jabón a orillas del río. Pese a que la contaminación fue señalada como una causa de la epidemia de fiebre amarilla en la ciudad, la ley no se cumplió. Sin embargo, en 1875, sorpresivamente se dictó una norma que volvió a autorizar la instalación de las industrias.

A la cuenca del río se arrojaban desperdicios de todas las jurisdicciones que influyen en la cuenca. A pesar de su intrincada geografía se trataba de una vía de comercio. A principios de la década de 1910 el Congreso destinó 1.500.000 pesos para obras de rectificación y ensanche del curso. Sin embargo para 1982, ciento setenta y un años después, todavía no había concluido la rectificación.

ACUMAR es un ente autárquico formado por Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires

Los trabajos de saneamiento, desde ese momento, quedaron a cargo de la Coordinadora Ecológica Metropolitana Sociedad del Estado, que había sido creada en los años ochenta. La inversión había subido –inflación mediante– los 21.000 millones de pesos, suministrados en partes iguales por la Capital y por la provincia de Buenos Aires. Las crisis económico/políticas posteriores hicieron que esta nueva comisión tampoco llegara a cumplir sus objetivos.

Durante la presidencia de Carlos Menem, se designó a María Julia Alsogaray al frente de la comisión de saneamiento. La entonces secretaria de Re – cursos Naturales dijo en 1993 una frase que quedó en la memoria colectiva: “en mil días vamos a poder tomar agua del Riachuelo”. Para no quedarse atrás, 13 años después la secretaria de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la gestión Kirchner, Romina Picolotti, expresó ante el Senado de la Nación que “para el año 2015 más de tres millones de habitantes de la cuenca tendrán cloacas”.

En el 2006 se crea ACUMAR (Autoridad de Cuenca Matanza Riachuelo), un ente autárquico e interjurisdiccional en el que participan Nación, Provincia y Ciudad de Buenos Aires. Pero como las cosas seguían igual, decide intervenir la Corte Suprema de Justicia y en el 2008 intimó a este organismo a implementar de una buena vez un plan de saneamiento. Lo cierto es que nueve años después poco ha cambiado el panorama y ya podemos hablar del “bicentenario” de la contaminación del Riachuelo. Por eso, más de uno se pregunta: ¿Se podrá sanear el Riachuelo? Porque no son tres millones de personas afectadas, el número real supera los ocho millones con el consiguiente efecto en su salud.

La Corte Suprema intimó a ACUMAR en 2008 a implementar un plan de saneamiento

En la decisión de la Corte se designaron cinco instituciones para controlar el avance del plan a cargo de ACUMAR. La Asociación de vecinos de La Boca, el Centro de Estudios Legales y Sociales, la Fundación Ambiente y Recursos Naturales, la Defensoría del Pueblo de la Nación y Greenpeace.

Es cierto que ha mejorado la limpieza, se retiraron los barcos hundidos, hay menos basura y se ha recuperado en parte el espejo de agua, pero la cuestión de fondo es que persiste la contaminación. El Gobierno de la Ciudad puso en práctica un plan de limpieza de márgenes, la Prefectura retiró alrededor de 70 carcazas de barcos hundidos y se extrajeron medio centenar de carrocerías de autos. Además se pudo avanzar en la reinstalación de varios centenares de viviendas, pero no alcanza. Todo ello bajo el marco del Plan Integral de Saneamiento Ambiental (PISA).

Asimismo, se reconoce una recuperación visible de lo que se denomina “camino de sirga”: las franjas de 25 metros a cada lado del río que estaban ocupadas ilegalmente por fábricas, asentamientos o basurales. Del lado de Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, se relocalizaron más de 400 familias que vivían en los asentamientos: El Pueblito, Magaldi y Luján, más el 60% de la villa 26. También hubo relocalizaciones en Lanús y otras localidades del GBA. Pero el tramo más crítico, el de la villa 21-14, sigue casi sin avances.

El río Matanza- Riachuelo es un curso de agua de 64 km al este de Argentina

Todo indica que el Gobierno tomó nota de la lentitud en los trabajos de saneamiento. A principios de este año se decidió que ACUMAR dejara de depender del ministerio de Ambiente y Desarrollo Sustentable y pasó a revistar en forma directa del Poder Ejecutivo Nacional. Al frente del organismo, con rango de secretario de Estado, se nombró a Gladys González. La funcionaria venía con fortaleza política por su paso como interventora del Sindicato de Obreros Marítimos SOMUy ahora deberá hacerse cargo de sanear uno de los ríos más contaminados del mundo.

Más de 400 familias que vivían en los asentamientos fueron relocalizadas

Los directivos de Greenpeace –una de las instituciones designadas por la Corte para la supervisión de las actividades de ACUMAR, aceptan las mejoras. Pero, “Si se toman los resultados de las mediciones de calidad de agua que realizó la propia ACUMAR, se ve que el nivel de contaminación es el mismo que al comienzo. Evidentemente los planes de reconversión de industria que se anunciaron no se completaron o fueron insuficientes, porque se siguen encontrando los mismos niveles de cromo, arsénico, plomo y otros metales pesados. Y el agua sigue sin tener oxígeno suficiente para que haya vida. Todos los plazos que dispuso la Corte Suprema están vencidos, falta decisión política para poner en caja a la industria contaminante”, aseguró Martín Prieto, director ejecutivo de Greenpeace.


puenteLos problemas del Riachuelo

La cuenca del Matanza-Riachuelo abarca a la Ciudad de Buenos Aires y una gran cantidad de localidades bonaerenses: Almirante Brown, Avellaneda, Cañuelas, Esteban Echeverría, Ezeiza, La Matanza, Lanús, Lomas de Zamora, Marcos Paz, Morón, Merlo, Presidente Perón y San Vicente. De acuerdo con la opinión de María Gabriela Merlinsky (del Instituto Gino Germani de la UBA) no se puede dejar de atender el contexto sobre el que se generan los problemas ambientales.

  • Déficit de Infraestructura sanitaria. Alrededor del 30% de las viviendas no posee conexión a la red de agua potable y el 56% no accede al servicio de cloacas. Ello genera contaminación del suelo y el agua por intrusión de efluentes cloacales. Por lo tanto, la población está en riesgo de contraer intoxicaciones, diarrea, cólera, hepatitis, entre otras enfermedades.
  • Ausencia de normas de zonificación en materia de uso del suelo. Por tal motivo, se produjo la instalación de industrias contaminantes en zonas linderas con sectores residenciales.
  • Viviendas precarias. Existe una gran cantidad de personas en asentamientos, villas de emergencia y barrios informales. La mayoría se ubica en Lanús, La Matanza y también en la ciudad de Buenos Aires, donde se presenta el mayor deterioro ambiental.
  • Área de alto riesgo. Próximo a la desembocadura del Riachuelo, en la margen derecha del río, se encuentra el polo petroquímico Dock Sud, un parque industrial de 380 hectáreas que concentra 42 empresas. Según la experta “constituye un área de alto riesgo ambiental por la presencia de combustibles y productos químicos, en su proximidad residen 1.300 familias en el barrio denominado Villa Inflamable”.
  • Aunque el grado de contaminación por hidrocarburos o metales pesados no se conoce, las cifras oficiales son alarmantes. La contaminación genera que la tasa de bronquiolitis en la cuenca supere los 33.000 casos cada 100.000 habitantes; mientras que para la Argentina esa cifra alcanza los 18.386,4 y, en la Ciudad de Buenos Aires, menos de 16.000. Las diarreas también afectan a los más chicos: mientras en la cuenca la tasa supera los 11.000, a nivel nacional los guarismos dan 2.825 cada 100.000 habitantes.

Controles

Greenpeace realizó hace pocos años un detallado informe sobre las normativas y procedimientos que se aplican para mensurar el estado de contaminación del Riachuelo. El trabajo cuestionó los pará- metros aplicados y solicitó a ACUMAR que tenga en cuenta nuevos y mejores controles.

30% de las viviendas no posee agua potable y 56% no accede al servicio de cloaca

“Los resultados analizados, desde el año 2008 fecha en que se iniciaron las campañas de monitoreo y se le dio dinamismo a la gestión de saneamiento de la Cuenca tras el fallo histórico de la Corte Suprema de Justicia de la Nación hasta la fecha, son el reflejo de las deficiencias de la normativa vigente, tanto en relación a los estándares de calidad de agua que se establecieron como objetivos, como así también la que establece los límites a las descargas de sustancias tóxicas y peligrosas que realizan las industrias en los cursos de agua.

Incluso quedan en evidencia las falencias en las metodologías de medición de los parámetros, que impiden tener una real dimensión del problema y, por tanto, obstaculizan la búsqueda de soluciones reales para lograr el saneamiento integral de la Cuenca Matanza Riachuelo”.

El informe le reclama a ACUMAR que “redefina los objetivos de recomposición de la Cuenca y realice cambios en las políticas de control industrial. Es inaceptable que la normativa para el control a las industrias utilice un criterio de límite de vertido de sustancias contaminantes de acuerdo a un valor máximo de concentración, tal como lo establece la Resolución de Límites Admisibles para descargas de Efluentes Líquidos”.

skvsSe subraya que si bien se fijan los límites de concentración de contaminantes en el efluente, no se considera la carga másica, es decir, el volumen total de la descarga contaminante. De esta manera no se contempla la carga neta total de cada contaminante que el Matanza-Riachuelo puede recibir en un tiempo determinado. El criterio de carga másica es fundamental para evitar el deterioro de los cursos de agua y que se respete su capacidad de autodepuración; esto resulta primordial en la Cuenca, ya que el estado de deterioro que tienen los cursos de agua no permite un sólo contaminante más.

Greenpeace demanda “a los gobiernos a adoptar un compromiso político de cero vertido de sustancias peligrosas dentro de una generación (25 años), basado en el principio precautorio y un enfoque preventivo en la gestión de sustancias químicas. En la Cuenca Matanza Riachuelo este compromiso debe ir acompañado de un plan de saneamiento con metas intermedias y objetivos a corto plazo, implementando una lista dinámica de las sustancias peligrosas prioritarias que deben ser eliminadas progresivamente. Específicamente, deben priorizarse los sectores industriales más contaminantes para implementar programas de reducción de la carga contaminante con el fin de lograr el cese de vertidos”.


Situación actual

Lo cierto es que el cadmio, el plomo, el cinc y el cromo siguen presentes en el agua y en el lecho de este río interjurisdiccional, que olvidó hace dos siglos qué es el oxígeno. El cóctel que forman la desidia y la falta de políticas de saneamiento con la corrupción es el génesis de la situación que hoy padecen 8 millones de personas.

Como dice Laura Rocha en su excelente informe para el diario La Nación “a pesar que sólo la memoria de unos pocos permite recordar del disfrute de las aguas del Riachuelo, no es una utopía devolverle la vida al río. Hay varios ejemplos en el mundo que dan cuenta de que se puede disfrutar de estos cuerpos de agua”.

Refiere como ejemplo el caso del Támesis, en Londres, con casi 350 km de largo y una larga historia de contaminación. En 1610, las aguas ya no se consideraban potables lo que provocó muertes por cólera. Por caso, en el año 1858 las reuniones parlamentarias tuvieron que ser suspendidas por el pestilente olor del agua, lo que llevó al gobierno a buscar cómo rescatar la vida en el río. Tres décadas después se creó una planta de tratamiento de aguas residuales con dos estaciones que requirieron una inversión de 200 millones de libras. “Quince años más tarde, un incinerador pasó a ser un destino de sedimentos procedentes del tratamiento de agua, generando energía para las dos estaciones. Hoy el río luce distinto y los dos barcos que lo recorren de lunes a viernes recogen unas 30 toneladas de basura por día”.

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Otro ejemplo que recoge la periodista es el caso del Rin, con aproximadamente 1.300 km de longitud, se origina en los Alpes suizos y atraviesa seis países europeos antes de desembocar en el Mar del Norte, en Holanda. Durante muchos años recibió los residuos procedentes de las zonas industriales, lo que lo llevó a ser conocido en 1970 como “la cloaca a cielo abierto de Europa”. Frente a esta situación, los gobiernos de las ciudades afectadas se reunieron en 1987 y crearon el Programa de Acción del Rin, en el que invirtieron más de 15.000 millones de dólares para la construcción de estaciones monitoreadas de tratamiento de agua. El resultado es que actualmente el 95% de las aguas residuales de las empresas son tratadas y existen 63 especies de peces que viven allí.

En resumen, hay una larga historia que convoca a la desesperanza sobre la posibilidad concreta de que el Riachuelo pueda ser alguna vez un curso de agua descontaminado. En otros lugares del mundo existen también ríos tóxicos que ponen en riesgo la vida de sus poblaciones (ver aparte).

Pero tenemos otros ejemplos, de sociedades que ante similares desafíos tuvieron el coraje y la decisión política de transformar un medioambiente hostil, en un ámbito que embellezca la naturaleza y mejore la calidad de vida y la salud de sus habitantes. Si podemos sumarnos a éste último grupo, es un interrogante que hoy no tiene respuesta.

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