Salud

Alicia Moreau De Justo: La médica del siglo

Alicia Moreau fue una de estas descollantes figuras: médica, política, periodista, defensora de los derechos de la mujer, militante por los derechos humanos, los valores de la democracia y los derechos de los trabajadores.

Autor: RSalud 8 marzo, 2017

Alicia Moreau de Justo forma parte de ese selecto grupo de mujeres brillantes que abogaron por la defensa de los derechos femeninos, como Victoria Ocampo, Julieta Lanteri, Elvira Rawson y Cecilia Grierson. Aguda, irónica, a veces antipática, Alicia Moreau fue considerada por la Universidad de Buenos Aires como “la médica del siglo”. Alguna vez le preguntaron: «¿Qué le gustaría que le escribieran algún día como epitafio?», a lo que Moreau respondió «Aquí yace una gran luchadora contra molinos de viento».

Infancia y juventud

Alicia Moreau era hija de Armando Moreau y María Denanpont. Su padre, un revolucionario francés que tuvo una activa participación en el movimiento de la Comuna de París (1871), tuvo que escapar de su país por la feroz represión que tuvo esa asonada. Armando y María primero se trasladaron a Bélgica para finalmente recalar en Londres, Inglaterra. Allí fue donde nació Alicia Moreau en Longres, Inglaterra, el 11 de octubre de 1885, la menor de los tres hermanos de la familia Moreau.

A fines del siglo XIX, los Moreau con sus tres hijos emigraron a la joven Argentina que ya era conocida como la tierra de promisión en Europa. En principio se instalaron en una pequeña localidad de Sansinena, cerca de La Pampa en el actual partido de Rivadavia. “Cuando llegué al país, no caminaba; como digo siempre, tuve mucho gusto de aprender a caminar sobre esta tierra de la que nunca me separé”, recordaría tiempo después. A los pocos años se trasladaban a Buenos Aires, donde su padre –anarquista- decide abrir una librería, obligado
centro de reunión de jóvenes anarquistas y socialistas. En esos encuentros, Alicia se mezclaba entre los asistentes y comenzaba a desarrollar un compromiso social que ya nunca abandonaría.

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Mientras acompañaba a su padre a regalar libros a los pacientes del hospital francés, hacía sus estudios secundarios en la Escuela Normal Nº 1, que todavía existe sobre la avenida Córdoba, frente del maravilloso edificio de Obras Sanitarias. Entre sus profesores, se destacabael de Moral e Instrucción Cívica, con quien luego establecería una larga amistad: el futuro presidente Hipólito Yrigoyen.

Con tan sólo 21 años, Alicia Moreau crea el Movimiento Femenino, en oportunidad de celebrarse en Buenos Aires el Congreso Internacional del libre Pensamiento (como su nombre lo supone, de clara influencia masónica). Este encuentro donde los socialistas tuvieron un rol destacado, puso en contacto a la joven Moreau con otros jóvenes que también tendrían un rol clave en el movimiento social nacional: José Ingenieros, Enrique del Valle Iberlucea y Angel Giménez. Una de las participantes del congreso, la republicana española Belén de Sárraga le propuso crear un movimiento político a favor de los derechos de la mujer. Siguiendo el consejo, Alicia junto con Sara Justo crean meses más tarde el Centro Feminista de Argentina y el Comité Pro-Sufragio Femenino.

Arranca entonces una intensa actividad a favor de los derechos sociales que la acompañaría el resto de su vida. El Partido Socialista la invita a dar conferencias y aparece en forma asidua en la sociedad “Luz” de Barracas dónde aborda temas como la higiene social, prevención sanitaria y las calamidades de la sífilis, el alcoholismo y los casos reiterados de tuberculosis.

Médica y socialista

A los 22 años decide ingresar a la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, en una época donde las mujeres no eran alentadas a los estudios y mucho menos en el estadio universitario. Lo cierto es que la personalidad de Alicia Moreau no encajaba precisamente en los cánones que aspiraba esa sociedad, y junto con otras cinco mujeres fueron una camada de pioneras en
los estudios terciarios. Junto con su compromiso cada vez más fuerte con el socialismo y los estudios en el Hospital de Clínicas, decide instalar un consultorio ginecológico en pleno Buenos Aires, sobre la calle Esmeralda, para atender en forma gratuita a mujeres pobres y prostitutas.
Los primeros años del siglo XX encuentran a Alicia Moreau participando en marchas, concentraciones y reclamos sociales. Entre ellos, en la llamada
“Huelga de los inquilinos” que sacudió a Buenos Aires, cuando miles de inmigrantes reclamaron por los precios exorbitantes que debían afrontar en los inquilinatos, los famosos “conventillos”. También en la manifestación de amas de casas que pedían por sus derechos, especialmente en los barrios del Gran Buenos Aires, esa movida fue conocida como la “marcha de las escobas”.
«Siempre creí que este país merecía ser distinto. Que un día íbamos a unirnos todos y el destino cambiaría. Recuerdo los barrios obreros de esta ciudad cuando llegábamos con las banderas rojas, y la gente se iba reuniendo y se iban logrando cosas. Cuando el Partido Socialista era una parte linda de la vida. Cuando las mujeres nos juntamos por primera vez y empezamos a pelear por nosotras…»


La pacifista

Una de las facetas más destacadas de Alicia Moreau fue el impulso que dio al movimiento pacifista, oponiéndose a la iniciativa del Gobierno que presentó un proyecto legislativo para establecer instrucción militar en los colegios. Logró que se presentara un petitorio con miles de firmas para anular el proyecto. Lo cierto es que eran tiempo turbulentos, se había declarado en Europa la Primera Guerra Mundial y el mundo estaba convulsionado: «Estoy absolutamente convencida de que es posible hacer transformaciones revolucionarias pacíficamente. Pienso que las grandes revoluciones son las que se hacen a nivel intelectual. El haber descubierto que la tierra no es centro del universo, ha significado una verdadera revolución».

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«La Gran Guerra» afectó muy de cerca a los socialistas, quienes conocieron el reclutamiento de muchos de sus miembros, sobre todo de inmigrantes y sus hijos. Moreau asistió a diversas reuniones llevadas a cabo en el Ateneo Popular en contra de los conflictos bélicos con el fin de fomentar la paz. Sin embargo, en 1917, con la revolución bolchevique de octubre admitió que «no podría haber sido llevada a cabo sin una guerra».
En 1920, fue una de las fun dadoras de la UFO (Unión Feminista Nacional) con el objeto de unificar las distintas organizaciones feministas que existían en ese entonces como el Centro Socialista Femenino, la Agrupación Socialista Femenina y el Consejo Nacional de Mujeres. La acción política de la UFN resultó decisiva para apoyar la sanción de muchas e importantes leyes de reconocimiento de los derechos de la mujer y de protección del trabajo femenino, como así también para la defensa de la madre soltera. Esta entidad publicó mensualmente la revista Nuestra Causa, que difundía sus ideas, y comenzó a organizar movilizaciones activas de mujeres durante los
actos electorales, así como peticiones masivas dirigidas a los diputados y senadores.
Junto a Alicia Moreau, estaban también otras activas mujeres socialistas, como Julia García Games, Clotide Rossi, Elsa Bachofen y Berta Gerchunoff. La prensa conservadora comenzó a utilizar el término «damas rojas» para referirse a las mujeres que reclamaban el derecho a voto. Entre 1920-1921, Moreau logró un documento con más de 7.000 firmas en defensa del proyecto de ley sobre emancipación civil de la mujer, pasó dos meses en Estados Unidos como delegada argentina en el Congreso Internacional de Obreras y Médicas y realizó un simulacro devoto femenino con empadronamiento para apoyar el establecimiento del mismo.


Juan B. Justo y el Partido Socialista

Su afiliación al Partido Socialista, en 1921, coincide con su unión con una prominente figura política: el fundador de la Cooperativa El Hogar Obrero,
Juan B. Justo. De esa unión nacieron sus tres hijos: Alicia Marta, Juan Roberto y Luis. Cuatro años más tarde, las feministas obtuvieron su primer triunfo parlamentario al lograr la sanción de la Ley 11.317 reglamentando el trabajo femenino e infantil, en la que se establecía que las mujeres no podrían trabajar más de ocho horas diarias y 48 horas semanales. También se decretaba la prohibición del trabajo nocturno, tareas insalubres,el trabajo de niños menores de 12 años y el despido de mujeres embarazadas, y se agregó la licencia para amamantar y la obligación de las empresas de tener guarderías.

En 1926, obtuvieron la Ley de Derechos Civiles de la Mujer que instauraba que los derechos entre hombres y mujeres debían ser equiparados. Junto a su marido, en 1927, fundó la Casa del Pueblo, una de las bibliotecas con mayor cantidad de volúmenes en el país. El 8 de enero de 1928, víctima de un síncope cardíaco, su esposo falleció a los 62 años. Junto con el legislador socialista Mario Bravo presentó en 1932 un proyecto de ley de sufragio femenino, que movilizó a miles de mujeres y fue aprobado en la cámara baja, aunque luego lo rechazó el
senado, con claro predominio conservador durante esa década, luego llamada “la década infame”.
Como no podía ser de otro modo la guerra civil española encuentra a Alicia Moreau de Justo apoyando activamente al bando republicano. En 1936, cuando se llevó cabo en Buenos Aires la Conferencia Panamericana de Cancilleres, organizó en forma paralela la Conferencia Popular por la Paz en América, en el Teatro Augusto, a la que concurrieron representantes de todo el continente. Con la aparición del Peronismo a partir de 1943 y luego a partir de 1946 durante los dos gobiernos de Juan Domingo Perón, Alicia se convirtió en una tenaz opositora
a los modos autoritarios y anti-democráticos de los que acusaba al gobierno. Durante casi una década (hasta 1955 con la caída de Perón) Moreau, junto con otros socialistas, sufrió varias persecuciones que la obligaron a trabajar en la clandestinidad.


El sufragio femenino

Frente al emblemático edificio de la Confederación General del Trabajo, el 23 de septiembre de 1947, Perón firmó el decreto presidencial que le dio valor institucional a la ley 13.010, que le otorgó a las mujeres de todo el país el derecho al voto. El decreto presidencial fue recibido con entusiasmo por la mujeres que veían en ese avance el obrar de la esposa del general, Eva Duarte. La ley Sáenz Peña propiciaba el sufragio universal y obligatorio pero exclusivamente a los hombres, dejando a las mujeres en un rol de inferioridad cívica que socialmente no era justificado.

En 1946 Alicia Moreau escribió La mujer en la democracia, en el que analizó las vicisitudes recorridas por la mujer Argentina para lograr el sufragio. Cuando en 1949 se aprueba la nueva Constitución y se establece la igualdad de derechos entre hombres y mujeres y su responsabilidad compartida, Moreau ve que parte de sus luchas de las últimas cuatro décadas encontraban un respaldo legal y su consagración. Por ello no extrañó que cuando se le preguntó qué opinaba de estos nuevos derechos femeninos exclamara “¡Qué bueno!, aunque vengan de un gobierno peronista”.

Después de la Segunda Guerra Mundial y para ser consecuente con los principios que siguió a lo largo de toda su vida, funda el Acuerdo Mundial por la Paz, con el objetivo de agrupar en su seno “a todas la mujeres del mundo que deseaban luchar contra la guerra, con espíritu de justicia y solidaridad humanas”. A su vez, fue la representante argentina en el Congreso Mundial Femenino que se llevó a cabo en París, Francia. Cuando en 1951, las mujeres argentinas pudieron por primera vez votar y ser vo – tadas para cargos nacionales, Moreau fue elegida junto a otras mujeres para integrar la lista de candidatos a diputados nacionales socialistas. Sin embargo, fue detenida por el gobierno peronista y aunque luego fue liberada no pudo, paradójicamente para quien tanto había bregado por el sufragio femenino, emitir su primer voto.

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División en el Socialismo

Cuando se produce la caída de Perón, en 1955, el Partido Socialista se quiebra en dos grupos. Uno, que liderado por Américo Ghioldi le otorga un claro apoyo a los revolucionarios y otros encabezado por Alfredo Palacios y Alicia Moreau, que intenta una cercanía con el peronismo. Esta división luego generaría la creación del Partido Socialista Democrático (Ghiodi) y el Partido Socialista Argentino (Palacios y Moreau). Por entonces ella sostenía que los peronistas y antiperonistas debían unirse para transformar la sociedad, que estaba basada en la desigualdad económica. Tras el fallecimiento de Alfredo Palacios en 1965, asumió la Secretaría general del Partido Socialista Argentino. Moreau se aleja del partido cuando en 1972 se fusiona el partido socialista y comienza una política de acercamiento con el Peronismo. Entonces decide conformar junto a Héctor Polino y Alfredo Bravo la Confederación Socialista Argentina. En 1974, brindó su apoyo al «Grupo de los ocho», asociación que representaba una alianza de distintos partidos políticos opositores, que reclamaban la vigencia de las instituciones democráticas ante los desvíos que se evidenciaban bajo el gobierno de Isabel Perón.


Los derechos humanos

En la década del setenta y ya con 90 años, lúcida y activa, se encuentra entre los miembros fundadoras de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos. La APDH, fue una entidad clave en la defensa de los derechos humanos y donde junto a Alicia Moreau se encontraban el obispo Jaime de Nevares, el rabino Marshall Meyer, Raúl Alfonsín, Oscar Alende, Adolfo Pérez Esquivel, Alfredo Bravo y su impulsora, Rosa Pantaleón. La APDH desempeñó un importante papel de resistencia al gobierno militar. En esos años, también acompañó la marcha de las Madres de Plaza de Mayo en sus rondas frente a la Casa de Gobierno. En agradecimiento, a los 99 años recibiría un pañuelo blanco, símbolo de las madres y abuelas de la plaza de mayo. «La democracia es, así ha sido definida hace bastante tiempo, el gobierno del pueblo, por el pueblo, para el pueblo, es decir, que el pueblo no sea un instrumento para dar a otros las leyes que necesitan para hacer lo que quieran con el país.»

En los años duros de fines de los setenta, cuando la actividad política estaba totalmente prohibida, participó junto a otros dirigentes socialistas en un acto partidario en el tradicional salón de Unione e Benevolenza. Y en 1980 fue una de las encargadas de recibir a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA, cuando eran muy pocos los políticos que aparecían en escena. Ese mismo año, junto a Adolfo Pérez Esquivel, Elías Castelnuovo y Ernesto Sabato, firmó un petitorio por la inmediata liberación del dirigente Alfredo Bravo.

Tuvo una conflictiva relación con la Iglesia. Los viejos líderes del socialismo, consideraban a la iglesia católica la responsable principal de la ignorancia popular, sumado al apoyo que el Episcopado dio a Perón en 1945. Vale la pena recordar que una pastoral firmada por el cardenal Copello sostenía que ningún católico debería votar por candidatos que aboguen por la separación de la Iglesia y el Estado, el laicismo escolar, el divorcio legal (sancionado en 1986), entre otros. No obstante, apoyó la gestión del cardenal Samoré, durante el conflicto que Argentina tuvo con Chile por las islas Lenox, Picton y Nueva del Atlántico Sur. Consultada sobre el Dios verdadero, respondió: «Pregúntenselo al Papa, porque yo no creo en Dios». Al morir estaba segura de que: «Iré a la tierra: no creo en el cielo, ni en el infierno». No a la Guerra de las Malvinas A comienzos de la década del ochenta fue una de los promotoras de la reunificación del socialismo. Fue elegida presidenta de la nueva Unidad Socialista. Cuando se produjo la acción militar en las Malvinas, Alicia Moreau se opuso en forma terminante, no sólo por la operación en sí, sino también por sus principios pacifistas y antimilitaristas.

Esta ha sido a grandes rasgos, la vida de una personalidad enorme, una mujer adelantada a su tiempo. De principios y de carácter. Un espejo para muchos, más allá o más acá de compartir su ideario. Pero leal y coherente. Sobre todo esto último, en la Argentina de las últimas décadas. La Cámara de Diputados la eligió en 1984 como la Mujer del Año y la Universidad de Buenos Aires la distinguió como la “Mé- dica del Siglo”.

«Bueno, todo el mundo desea ser más capaz de lo que es, encontrar circunstancias que le permitan desarrollar esa capacidad, pero las circunstancias dependen de los de afuera, no de uno; y entonces se puede o no se puede, y yo he hecho lo que he podido.»

Cuando cumplió los cien años, se le realizó un gran homenaje en el salón Unione e Bebnevolenza, en el que participaron políticos de todos los colores. Fue su último discurso en público, que estuvo dirigidos a los jóvenes. La revista satírica Humor le dedicó en su portada un dibujo con el siguiente título:: «Dentro de cuatro años vence la garantía” (haciendo referencia a la garantía Magiclick, de 104 años). En diciembre de aquel año, con su salud debilitada a causa de un problema bronquial por el cual había estado internada bajo cuidados intensivos y habiendo padecido varias caídas, sus hijos la trasladaron al Asile des Viellards de la Sociedad Filantrópica Francesa del Río de la Plata.

Finalmente, el 12 de mayo de 1986 muere Alicia Moreau de Justo, a los cien años de edad. Sus restos fueron velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso, con la asistencia de, entre otros, el presidente de la Nación, Raúl Alfonsín. Se apagaba una extraordinaria vida de lucha e ideales, pero dejaba una antorcha para las jóvenes generaciones, que aún sigue encendida.

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